ARENAS DE SAN PEDRO
Al
llegar al Valle del Tiétar desde el Sur por vez primera y cruzar el
cartel de la carretera que anuncia nuestra entrada en la provincia de Ávila,
el viajero suele sentirse confuso al haberse identificado siempre esta provincia
con los llanos páramos que rodean a su capital amurallada. La sorpresa
es aún mayor si la llegada se hace desde el Norte por cualquiera de
los puertos de montaña que cruzan la Sierra de Gredos. En este último
caso se pasa en un minuto del frío paisaje serrano de la vertiente
norte al cálido vergel situado casi mil metros por debajo en la falda
sur de la montaña gredense que resguarda al Valle del Tiétar
de los vientos septentrionales. Esta conjunción de verdes valles y
clima benigno explica la estrofa del himno de Arenas de San Pedro con la que
empieza este artículo.
En el Valle, cruzado de Este a Oeste por la carretera nacional 501, se dispersan pueblos blancos que contrastan con la arquitectura de granito del norte de la Sierra.
La villa más importante de la cuenca del Tiétar, cabecera de
partido judicial y de la 2ª Compañía de la Comandancia
de Avila, es Arenas de San Pedro, cuyo núcleo urbano alberga una población
de unos 6.700 habitantes.
HISTORIA
En un paseo por sus calles y a la vista del castillo, el puente románico
o el palacio, no podemos pasar por alto la historia de Arenas de San Pedro
en un texto que hable sobre el pueblo. En realidad la vida de cualquier población
no se llega a conocer bien hasta que no indagamos en su pasado.
Pasando un poco por alto los asentamientos vettones, de origen celta en las
colinas de las estribaciones del sur de Gredos (450 y 50 a de J.C.), cuyos
principales vestigios son los Toros de Guisando y el castro de El Raso y de
cuyo período se han encontrado piezas de molinos de mano en el término
de Arenas, pasamos a la época de romanización de la zona, en
donde ya existían las aldeas de Los Llanos y Ramacastañas, a
3 y 5 kilómetros de lo que es actualmente la villa de Arenas de San
Pedro y por donde pasaba una de las principales calzadas de la época
romana, todavía bien conservada en el cercano Puerto del Pico.
No se ha podido atribuir a la población un origen anterior a 1.054,
en que sucedió el hallazgo de la imagen de la Virgen del Pilar, patrona
de Arenas. El lugar del descubrimiento era conocido por entonces como "Ojo
de la Jara", de paisaje boscoso y abrupto, lleno de manantiales y habitado
únicamente por unos ermitaños agustinos y por los pastores que
encontraron la imagen, quienes desde entonces tomaron el sobrenombre de "Pilaretes".
Junto a la aldea de Los Llanos, recostada a las orillas del río Arenal,
se encontraban las minas de hierro de La Tablada, de donde la comarca toma
entonces el nombre de LAS FERRERÍAS DE ÁVILA, según se
ha podido constatar en diversos documentos de la época medieval.
Tras agotarse el mineral y acosadas las fértiles tierras de la vega
del río Arenal por una plaga de termitas, los habitantes de Los Llanos
se congregaron en la zona del cerro San Agustín, donde los agustinos
y pilaretes habían construido un pequeño santuario en honor
de la Virgen del Pilar.
El número de habitantes de la comarca aumenta a finales del siglo XIII
con los planes de repoblación, que incluyen la entrega de un solar
para la construcción de la vivienda, exención de tributos durante
el primer año e incluso la redención de las penas de algunos
delitos a quienes se instalen definitivamente en la zona.
El 14 de Octubre de 1.393 el rey Enrique III da la carta de villazgo, entre
otras poblaciones, a Arenas, con determinados privilegios y obligaciones,
terminando la dependencia del concejo de Ávila. La alegría de
esta independencia duraría tan sólo dos años, al pasar
la villa a formar parte del señorío del Condestable Dávalos,
de quien se decía que podía ir de Andalucía a Santiago
de Compostela pernoctando en posesiones suyas. Fijando Arenas como villa principal
de su señorío, levanta en ella entre 1.396 y 1.400 su castillo,
que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los símbolos
de Arenas, adornando su escudo.
Tras pasar Ruy López Dávalos a ser desterrado por el rey Juan
II, el municipio de Arenas queda en propiedad de Doña Juana de Pimentel,
hija del Conde de Benavente, como dote de su matrimonio con Don Álvaro
de Luna, el noble más rico de Castilla. Tras la muerte de éste,
Doña Juana de Pimentel pasa a convertirse en la Triste Condesa que
todos conocemos en Arenas.
Para la historia de la villa durante el siglo XVI, el acontecimiento más
sobresaliente que podemos destacar quizá sea la presencia en Arenas
del fraile franciscano fray Pedro de Alcántara, que por sus cualidades
intelectuales había alcanzado puestos importantes en su Orden, llegando
incluso a ganarse el aprecio del emperador Carlos I en su retiro de Yuste,
monasterio situado también en la falda sur de la Sierra de Gredos.
En 1.669 se inició el proceso de canonización de fray Pedro
de Alcántara, en el que las declaraciones de los arenenses, que tan
bien le conocían, fueron pieza clave. En este mismo año la villa
de Arenas se puso, incluso en el nombre, bajo el patronato del Santo.
Se hizo también célebre Arenas de San Pedro en el siglo XVIII
por haber sido elegida como morada y asentamiento por el Infante Don Luis
Antonio de Borbón y Farnesio, décimo hijo del monarca Felipe
V y hermano de Carlos III. El propósito del Infante de quedarse en
la villa de Arenas incluía la construcción de un gran palacio,
pero lo grandioso del proyecto y la avanzada edad de Don Luis de Borbón
hicieron que tan sólo se erigiese poco más de la mitad del proyecto
original. Todavía, aunque en malas condiciones de conservación,
el palacio ocupa una posición destacada sobre la villa en la zona de
La Mosquera, donada entonces por el municipio.
El asentamiento del Infante en Arenas pronto trae la época de mayor
esplendor cultural de la villa, pues a su alrededor logra convocar a dos artistas
de fama inmortal en aquellas fechas: por un lado al compositor Boccherini
y por otro al genial pintor Goya, que pinta en el palacio "La familia
del Infante Don Luis" y diversos retratos individuales en los que se
distingue el paisaje arenense.
Algunos entendidos apuntan en sus estudios que en la pinacoteca del Infante
Don Luis se exponían cuadros de Claudio Coello, Leonardo da Vinci,
Durero, Velázquez, Rafael, Tiziano, Murillo, etc...
En 1.785, tras la muerte del Infante, la revitalización que se había
iniciado en Arenas se viene abajo.
A principios del siglo XIX la muerte y la destrucción marcan hasta
las mismas piedras de Arenas de San Pedro como consecuencia de la invasión
napoleónica. Movidos por el patriotismo y en plena Guerra de la Independencia,
un grupo de arenenses mata a unos soldados del ejército invasor francés.
Este ataque desataría brutales represalias y el pueblo debió
soportar el poder destructor de un ejército que se vio hostigado por
un enemigo más débil. El incendio de numerosas viviendas, edificios
emblemáticos y del archivo municipal fue acompañado de numerosas
víctimas. Una vez rehecha la población, la villa se vio envuelta
otra vez en llamas como consecuencia de la primera Guerra Carlista. Como recuerdo
de aquellos fatales días el escudo de Arenas se ve adornado por la
leyenda "SIEMPRE INCENDIADA Y SIEMPRE FIEL".
En la desamortización de Mendizábal de 1.836, los frailes de
San Pedro se ven obligados a abandonar el convento. Dos años antes
Arenas pasa definitivamente a formar parte de la provincia de Ávila,
tras haber pertenecido algún tiempo a la de Toledo.
Ya en el siglo XX, tan sólo destacar los movimientos migratorios de
los arenenses a las grandes capitales e incluso fuera de las fronteras de
España y la enorme afluencia de turismo que comenzó en los años
50, viéndose reducido en la última década.
ARENAS EN LA ACTUALIDAD
La conversión de Arenas en zona de veraneo trajo consigo beneficios
de tipo económico a la vez que una expansión inmobiliaria mayor
de lo deseado. La construcción de edificios elevados, principalmente
en la corredera, entristeció algo el "paisaje urbano" de
la villa. Han desaparecido balconadas de madera y las calles se han ido encajonando
para conseguir el espacio que reclama la especulación.
A pesar de ello, a ambos lados del centro urbano se puede disfrutar de la
belleza que venían buscando en los años cuarenta los miembros
de la escuela pictórica de Madrid en los barrios de la Nava, del Canchal
o en algunos rincones de la muralla del palacio.
Con la expansión del "turismo verde" muchos viajeros eligen
la villa de Arenas de San Pedro como base de operaciones a la hora de moverse
por esta zona del Valle del Tiétar.
Un largo paseo por la villa nos descubrirá sitios como la ermita del
Cristo de los Regajales, a pocos metros del cuartel; la Cruz del Mentidero,
la iglesia gótica de Nuestra Señora de la Asunción, de
los siglos XV y XVI y decorada con pinturas murales de Martínez Vázquez
y por supuesto el castillo del condestable Dávalos, el palacio del
Infante Don Luis de Borbón y el puente medieval de Aquelcabo.
A pesar de que la arquitectura ha ido perdido su identidad en la mayor parte
de las calles del pueblo, un paseo por el camino de los Montaneros en la falda
norte del cerro San Agustín permitirá tener una vista general
de la villa con el marco espectacular de la Sierra de Gredos al fondo.
Un gran apoyo al floreciente turismo del que hablábamos anteriormente
fue el casual descubrimiento en la Navidad de 1.963 de las cuevas de "romperropas"
en el Cerro del Águila, mejor conocidas como las Cuevas del Águila,
y que se encuentran cerca de la antigua aldea de Los Llanos. Abiertas al público
en el verano de 1.964, presumen desde entonces de abrir todos los días
del año y nunca faltan autobuses de turistas de todos los recovecos
de la geografía española que vienen a admirar las maravillas
subterráneas de formas caprichosas que han creado la caliza y el agua.
Por si alguno desease un lugar donde recuperarse de sus enfermedades y relajarse,
les recuerdo que el Doctor Gregorio Marañón en su obra "Elogio
Médico de la Sierra de Gredos" alaba las bondades de la zona para
la salud pública, pero no olvida que "...no hay que contentarse
con que la montaña venga a nosotros en forma de salud, hemos de ser
nosotros los que vayamos a ella".
Los amantes de la Naturaleza tienen en la zona un buen sitio donde admirar
aves rapaces, pájaros, plantas y un abanico de senderos que recorrer
a pie o en bicicleta de montaña.
Confieso que aún llevando caso seis años destinado en este pueblo,
desconozco cual es su plato típico, si es que lo hay, pues Arenas goza
de tener buenos sitios donde comerse unas patatas revolconas, cordero asado,
cuchifrito, migas o cualquier otros plato en donde esté presente la
caza o las setas de primavera u otoño.
También son renombradas las fiestas de Arenas, que se celebran el último
fin de semana de Agosto en honor del veraneante y el 8 de Septiembre, por
una concesión medieval, en honor de la Virgen del Pilar. El 19 de Octubre
se celebra la festividad de San Pedro de Alcántara, que en este año
de 1.998 y hasta la misma fecha del año que viene conmemora también
el V Centenario del nacimiento del Santo.
SAN PEDRO DE ALCÁNTARA Y SU SANTUARIO
Fray Pedro nace en Alcántara (Cáceres) en 1.499, imponiéndosele
el nombre de Juan de Sanabria. Con ocho años queda huérfano
de padre y con dieciseis toma el hábito franciscano, cambiando su nombre
por el que conocemos ahora, siendo ordenado sacerdote a los veinticinco años.
Discrepando con el período de relajación que vivían los
sectores monásticos de la época, Fray Pedro decidió impulsar
una reforma que chocó con las ideas de la mayor parte de las comunidades
religiosas y de las autoridades eclesiásticas. Como ejemplo de humildad,
viajaba mucho a pie y descalzo.
Para su reforma contó con la ayuda de muchos nobles y además
de su relación con el emperador Carlos I, sostuvo correspondencia con
la familia real portuguesa. Los nuevos conventos que quería fundar
Fray Pedro exigían unas condiciones arquitectónicas de gran
simpleza y con poco espacio, a excepción de la iglesia y la sacristía.
En 1.560 llega a Arenas desde la localidad de Oropesa, eligiendo entre los
parajes arenenses la ermita de San Andrés del Monte para la sede de
su nuevo convento. Sin duda el entorno natural que rodeaba a la ermita invitaba
al camino contemplativo, pero lo primero que se encontró fue la oposición
de los clérigos del lugar. En 1.561 y con la ayuda del obispo de Ávila,
comienzan las obras que se adosan a la pequeña ermita de San Andrés
del Monte.
El 18 de Octubre de 1.562 muere Fray Pedro de Alcántara en La Enfermería,
una casa de Arenas que tenía la cofradía de San Andrés
para curar enfermos. El nuevo convento construido se convierte en centro de
devoción de creyentes que vienen a pedir milagros al Santo que reposaba
a los pies del altar mayor.
En el complejo actual la iglesia rectangular está presidida por una
estatua de San Pedro de Alcántara sobre la que se puede ver un icono
de San Andrés del Monte. A los pies del altar mayor, en el lugar en
que descansaron inicialmente los restos de San Pedro, hay un mosaico con la
figura yacente del Santo.
La actual configuración del santuario difiere de la original debido
al Padre Eleta, confesor del rey Carlos III, que proyectó las obras
más o menos como las podemos ver en la actualidad y que se realizaron
en el siglo XVIII, modificando completamente la antigua edificación.
A la derecha de la iglesia se encuentra la Capilla Real, donde el genial Ventura
Rodríguez usa la piedra labrada en vez del ladrillo que domina el resto
del santuario. Según entramos en ella se nos va la vista al altar mayor,
donde podemos ver un bajo relieve de mármol blanco que representa la
apoteosis del Santo en su ascensión a los cielos, obra de Francisco
Gutiérrez y que mide nada menos que seis metros y medio de alto por
tres de ancho. A la altura del altar hay una urna hecha de pórfido
que guarda los restos de San Pedro, flanqueada por dos figuras de alabastro
que simbolizan la Fe y la Esperanza. La lámpara que pende de la cúpula
no es otra que la que en su día alumbraba la escalera principal del
palacio de la Mosquera del Infante Don Luis de Borbón. Los restos del
Infante permanecieron enterrados en este complejo hasta que el rey Carlos
IV ordenó su traslado al Escorial. La Capilla Real es de planta octogonal
con pilastras de mármol que sostienen la cornisa sobre la que descansa
la majestuosa cúpula, adornada con cuatro franjas de rosetones en relieve
con motivos vegetales. Viendo la Capilla desde el exterior del santuario,
donde se advierte severidad y sencillez en el diseño, no puede uno
imaginarse la gran riqueza ornamental que alberga dentro.
La fe en San Pedro de Alcántara ha sido tal que desde la construcción
del santuario se ha convertido en un centro de peregrinación tanto
de nobles como de gente sencilla del Valle del Tiétar que, especialmente
el 19 de Octubre de cada año, acuden aquí en romería
para sacar la imagen del Santo en procesión por el campillo y pedirle
sus favores. Este año y con motivo del Centenario del nacimiento, la
Orden franciscana ha preparado actividades religioso-pastorales y de carácter
cultural y con el apoyo de la Junta de Castilla y León y del Ayuntamiento
de Arenas de San Pedro acometerá obras en el santuario y en el entorno
del mismo.
FERNANDO RIVERO DÍAZ